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Rubén Torres: «El fin de la seguridad social ya sucedió»
 
 
El médico sanitarista advirtió que el modelo construido sobre el pleno empleo, las trayectorias laborales estables, la familia tradicional y la solidaridad intergeneracional perdió las condiciones que le dieron origen. Además planteó la necesidad de discutir qué sistema de salud quiere sostener la Argentina.
En el marco del Congreso de la COMRA, el Dr. Rubén Torres disertó sobre «El fin de la seguridad social y un mundo nuevo», planteó una mirada crítica sobre las transformaciones que atraviesa el sistema sanitario argentino y buscó correr la discusión de la coyuntura política para situarla en un proceso más amplio: «el fin de la seguridad social es un proceso que está más allá de quién gobierna. No es algo que vaya a suceder: ya sucedió».
Torres sostuvo que el modelo diseñado por Otto von Bismarck se apoyaba en cuatro pilares que ya no están vigentes: «El pleno empleo, la biografía laboral, la familia tipo y la solidaridad entre generaciones». En ese sentido, señaló que «el sistema se terminó porque cambiaron las condiciones sobre las que fue construido».
«Bismarck decía que la población económicamente activa producía lo suficiente para sostener a quienes todavía no habían entrado al sistema y a quienes ya se habían retirado. Hoy la población económicamente activa se reduce y, además, tenemos la tonta idea de vivir hasta los 90 años», resumió aunque aclaró que el agotamiento del modelo no implica que la seguridad social deba desaparecer. «Ningún país del mundo eliminó la seguridad social. Lo que hicieron fue integrarla con los fondos públicos y, a partir de ahí, generar un sistema de salud». Para Torres, el riesgo para la Argentina es avanzar en sentido contrario.
En este punto, cuestionó dos principios que considera centrales para el funcionamiento sanitario: solidaridad y regulación. «Estoy de acuerdo con la desregulación en muchos casos, pero cualquier economista de la salud sabe que el mercado de la salud tiene fallas intrínsecas que obligan a que sea regulado».
También puso en discusión la llamada libertad de elección. «¿Quién de los argentinos puede elegir en salud?», preguntó. Según los datos que presentó, aproximadamente el 20% de la población estaría realmente en condiciones de optar por una cobertura privada. El resto, sostuvo, depende de las obras sociales o del sistema público según sus posibilidades.
La concentración de la medicina prepaga refuerza, a su entender, esa desigualdad: el 62% de sus afiliados reside en el AMBA. Al mismo tiempo, relativizó la lectura sobre la pérdida de beneficiarios de las prepagas. Señaló que el sector perdió alrededor del 10% de sus afiliados y que buena parte de quienes se fueron eran personas de mayor consumo sanitario, lo que terminó favoreciendo la composición de las carteras.
Torres también cuestionó la creciente superposición entre las reglas que alcanzan a obras sociales y empresas de medicina prepaga. «No se puede jugar al fútbol con las reglas del rugby», resumió, y planteó interrogantes sobre las obligaciones de continuidad de cobertura, los mecanismos de intervención y las condiciones que deben cumplir unos y otros actores.
 
Más presión sobre el sistema público
El deterioro de la seguridad social, sostuvo, también se refleja en la pérdida de beneficiarios vinculada al mercado laboral. Según los datos presentados, entre diciembre de 2023 y marzo de 2026 casi 1,5 millones de personas perdieron cobertura. «¿Qué pasó con esa gente que se fue de la seguridad social? Empieza a atenderse en el hospital público», afirmó.
Los medicamentos ocuparon otro tramo de su exposición; señaló que representan alrededor del 28% del gasto total en salud en Argentina y que existen obras sociales provinciales donde absorben cerca del 50% del presupuesto. Frente a este escenario, reclamó herramientas de evaluación de tecnologías sanitarias: «Hubo 19 proyectos de agencia de evaluación de tecnologías y de costos y ninguno se aprobó».
El cambio demográfico fue otro de los desafíos señalados. La caída de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida, sostuvo, obligan a pensar en una transformación del modelo de atención. «Además de pensar en cómo sostener el sistema actual, habrá que pensar si no tenemos que cambiar hacia un sistema de cuidados. Ahora somos viejos y ya no necesitamos solamente hospitales de agudos. Necesitamos cuidados de largo plazo».
Hacia el final, Torres sintetizó su diagnóstico en una definición: «El problema no es el costo de la salud, sino la falta de decisión sobre qué queremos hacer con el sistema» dijo y cerró con una advertencia sobre el modo en que se procesan las crisis sanitarias: «el sistema no explota, el sistema lo que hace es ajustar. En los honorarios de los médicos y en la calidad de los servicios a los beneficiarios. Ahí ajusta».