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La medicina frente a una nueva realidad demográfica: qué profesionales necesitará el sistema de salud argentino
El descenso de la natalidad, el envejecimiento poblacional y el predominio de las enfermedades crónicas obligan a replantear la organización del sistema sanitario. El nuevo informe del Ministerio de Salud, UNFPA y BID advierte que no alcanza con discutir financiamiento. Por qué es necesario redefinir la formación médica, los modelos de atención y la distribución de los recursos humanos.
 
 
Se presentó el Análisis de Situación de la Población con foco en Salud (ASP) – Argentina 2026, elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el Ministerio de Salud de la Nación y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), un informe que sostiene que la transición demográfica ya está modificando las necesidades sanitarias del país y obliga a revisar no sólo cómo se financia el sistema, sino también cómo se organiza la atención y qué perfiles profesionales serán necesarios en los próximos años.
Los datos revelan que la tasa global de fecundidad descendió a 1,33 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional. La esperanza de vida alcanzó los 77,8 años, mientras que la población de 65 años y más representa cerca del 12% del total y llegará a aproximadamente 16,4% en 2040. Al mismo tiempo, el país comienza a transitar el final del bono demográfico, con una creciente proporción de personas mayores respecto de la población en edad de trabajar.
A este cambio poblacional se suma una transición epidemiológica. Las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y otras enfermedades crónicas no transmisibles concentran una parte creciente de la carga de enfermedad, aunque persisten desafíos vinculados con patologías transmisibles y profundas desigualdades territoriales.
El resultado es un sistema que debe responder simultáneamente a pacientes con mayor expectativa de vida, multimorbilidad, tratamientos prolongados y con cada vez más de rehabilitación y cuidados de largo plazo.
 
 
Recursos humanos: uno de los grandes desafíos
El ASP desplaza el debate desde el financiamiento hacia la capacidad de respuesta del sistema sanitario teniendo en cuenta que el envejecimiento poblacional no sólo incrementará la demanda asistencial sino que también modificará el tipo de profesionales que el sistema necesitará formar y retener. El informe advierte sobre la necesidad de fortalecer la formación en geriatría y gerontología, consolidar el primer nivel de atención, promover equipos interdisciplinarios y adecuar los perfiles profesionales a una población con enfermedades crónicas, multimorbilidad y mayores requerimientos de continuidad del cuidado.
Durante la presentación del documento, el ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, sostuvo que el cambio demográfico obliga a preparar al sistema para una nueva realidad. «Cada vez habrá más personas mayores que necesitarán cuidados prolongados, prevención de enfermedades crónicas y un sistema preparado para acompañarlas durante mucho más tiempo», afirmó. En ese sentido, señaló que una de las prioridades consiste en fortalecer los recursos humanos. «El envejecimiento poblacional exige nuevas competencias.
Necesitamos fortalecer la formación de médicos, enfermeros y de todos los integrantes del sistema para acompañar mejor a una población que va a vivir más años y demandará otro tipo de cuidados.» El ministro también remarcó la importancia de contar con información integrada para planificar. «Un sistema fragmentado, sin datos interoperables entre el sector público, el privado y la seguridad social, sólo puede reaccionar cuando los problemas ya ocurrieron. Necesitamos dejar atrás la improvisación y avanzar hacia políticas sustentadas en evidencia.»
 
 
La demografía llega al consultorio
Las transformaciones demográficas ya tienen impacto en la práctica cotidiana. Cada vez son más frecuentes los pacientes con múltiples enfermedades crónicas, polimedicados, que requieren seguimiento durante años y abordajes interdisciplinarios. El desafío ahora es también acompañar trayectorias de salud más largas y complejas. En ese contexto, el director ejecutivo del PAMI, Esteban Leguizamo, describió el escenario que enfrenta la mayor obra social del país y sostuvo que «el sistema de salud argentino sigue estando muy fragmentado. Conviven el sector público, el privado, la seguridad social, las obras sociales sindicales y el PAMI. Frente al desafío del envejecimiento poblacional, todos esos actores deben trabajar de manera articulada, especialmente en prevención, porque ninguna institución puede afrontarlo por sí sola.» Además, Leguizamo insistió en que la prevención debe comenzar mucho antes de la vejez y sostuvo que «la calidad de vida en la adultez mayor depende, en gran medida, de los hábitos y cuidados adoptados durante toda la vida.»
Las cifras del Instituto muestran la dimensión del fenómeno. Actualmente, el PAMI cuenta con más de 5,4 millones de afiliados, de los cuales más de un millón tienen más de 80 años.
«Sabemos que el gasto sanitario aumenta significativamente a partir de los 75 años y que después de los 80 ese crecimiento es exponencial. Incluso ya tenemos situaciones en las que conviven como afiliados un padre de 95 años y un hijo de 65. Esto no sólo incrementa la demanda prestacional, sino que también tensiona el financiamiento del Instituto», explicó.
 
 
Invertir antes para no pagar después
Para Alejandro Sonis, director nacional de Economía de la Salud, el envejecimiento poblacional obliga a replantear el modo en que se utilizan los recursos.
«El verdadero desafío no es únicamente cuánto costará atender a una población que vive más años, sino cómo, cuándo y dónde utilizar los recursos para producir más salud, preservar la autonomía y reducir las desigualdades» dijo y desde esa perspectiva, sostuvo que la sostenibilidad del sistema depende tanto del volumen de recursos como de la manera en que se organizan.
«La sostenibilidad no depende solamente del nivel de gasto. Depende de cómo organizamos la atención, en qué momento intervenimos, qué prestaciones financiamos y qué resultados obtenemos. En definitiva, se trata de invertir antes para no pagar después», añadió Sonis en tanto que planteó que un sistema que fortalece la prevención, garantiza continuidad del cuidado y anticipa las necesidades de la población enfrenta el envejecimiento en mejores condiciones que otro que concentra sus recursos cuando la enfermedad o la dependencia ya están instaladas.
El funcionario también propuso incorporar una mirada de curso de vida: «Hablar de envejecimiento no significa hablar únicamente de personas mayores. Significa entender que las condiciones con las que envejecemos comienzan a construirse desde el embarazo, la infancia, la adolescencia y la vida adulta.»
 
 
Del envejecimiento a la autonomía
En la misma línea Eduardo Soria, de la Dirección de Juventudes y de la Persona Adulta Mayor del Ministerio de Salud de la Nación, sostuvo que la adaptación del sistema sanitario no debe limitarse a responder al aumento de la población mayor, sino que debe promover un envejecimiento saludable desde una perspectiva integral. En ese sentido, remarcó que el desafío consiste en lograr que esos años se vivan con mayor independencia y menor carga de enfermedad, articulando las políticas de prevención, promoción de la salud y cuidados de largo plazo.
 
 
Una agenda para la profesión médica
Las conclusiones del ASP trascienden el análisis demográfico y abren un debate sobre el futuro de la práctica médica. La creciente demanda de cuidados continuos, la mayor prevalencia de enfermedades crónicas, el aumento de la multimorbilidad y la necesidad de equipos interdisciplinarios anticipan un escenario en el que la prevención, la atención primaria, la coordinación asistencial y el seguimiento longitudinal adquirirán un papel cada vez más relevante. Al mismo tiempo, las marcadas diferencias entre provincias en fecundidad, envejecimiento, carga de enfermedad, cobertura sanitaria y disponibilidad de recursos humanos plantean el desafío de planificar políticas diferenciadas para realidades muy distintas. Más que una proyección estadística, el ASP constituye una hoja de ruta para comenzar a adaptar el sistema sanitario a una población que ya cambió.
En ese proceso, la formación de los recursos humanos, la reorganización de los modelos de atención y la capacidad de planificar con evidencia aparecen como condiciones indispensables para garantizar la sostenibilidad del sistema y responder a las necesidades de los pacientes de las próximas décadas. Como coincidieron los especialistas durante la presentación del ASP, la transición demográfica obliga a pensar el sistema de salud desde una perspectiva de curso de vida. Preparar la medicina para una población que vivirá más necesita fortalecer la atención de las personas mayores pero también implica invertir desde el embarazo, la infancia, la adolescencia y la adultez para llegar a la vejez con mayor autonomía, menor carga de enfermedad y una mejor calidad de vida.